Los Castros. Cultura castreña.

Información básica:

Desarrollo:    a partir del siglo VI a.C. y hasta el III d.C.

Mayor esplendor:   Edad de Hierro

Tipología:   en Galicia, tanto el castro como las viviendas son de forma circular u oval.

Tamaño:  reducido, próximos entre si, con un número reducido de chozas (entre 10 y 20).

Emplazamiento:  se ubican en lugares donde prima el valor estratégico del lugar y sus posibilidades defensivas. Generalmente se buscan lugares elevados casi siempre inaccesibles por algún lado aprovechando escarpes rocosos o enmarcados por ríos. En la costa se construían sobre cabos o promontorios, de forma que aseguraban la defensa por gran parte del castro. Importancia capital tiene la facilidad de captación de agua.

Se trata de una cultura en la que los elementos célticos son incuestionables, pero que presenta rasgos y costumbres peculiares que no encajan con lo que sabemos de los celtas y que debemos atribuir a un primitivo aporte indoeuropeo, seguramente ligur o ilirio, o de ambos.

Un castro es un recinto amurallado con piedra, casi siempre de forma circular adaptándose al terreno, en cuyo interior se disponían las viviendas también de planta circular, sin orden aparente. En los castros de mayor antigüedad las viviendas se construían de tapial ( barro y ramas), más tarde se levantan con piedra y en ambos casos el techo se fabricaba con paja. El suelo de tierra  y el lugar de la lumbre se rodeaba con piedras. 

 Lo que si es cierto es que los castros representan el rasgo más característico de los pueblos del norte y noroeste de la Península Ibérica durante la Edad de Hierro. Los castros no son exclusivos de este área, pero aquí tienen características peculiares que los distinguen de otros castros peninsulares:

–          La organización de las defensas

–         La distribución interior del habitat

–         Los materiales empleados en la construcción

–         La organización politico-social

 AMBITO  GEOGRAFICO:  Se distribuyen por el norte de España: Asturias desde el río Navia, Galicia y zona norte de Portugal, hacia el límite con el río Duero. Por el interior llegaba a León, Zamora y Salamanca.

ENTORNO:  suelo relativamente pobre. Abundancia de robles y encinas.

CLIMA:  semejante al actual.

ALIMENTACIÓN:  el elemento básico de la dieta en los castros parece que fué la harina de bellota, propio de una economía principalmente relolectora. También cultivaban cereal (cebada, trigo, centeno…) pero en pequeñas cantidades.  Los rendimientos agrícolas eran muy escasos pues la técnica y las herramientas eran muy primitivas. La ganaderia era secundaria.

UTILES:  Hasta ahora se han encontrado escasos útiles relacionados con la labor de agricultura ( azadas y hoces ), en mayor número han aparecido molinos de mano.

COMUNICACIONES:  Se ha visto que las relaciones comerciales principales se llevaban a cabo a través del mar o por los ríos, llegando hasta las Islas Británicas o hasta el sur de Portugal. Los gaditanos llegaron a tierras galaicas buscando estaño, plomo y cuero, que cambiaban a los castreños por vasijas de barro, sal y objetos de cobre, siendo la base del comercio el trueque.

Por tanto, las rutas comerciales eran tanto marítimas como terrestres. En tierra utilizaban carros tirados por bueyes, en el mar se valían de barcas de cuero que pasaron a ser de tronco de árbol después de la romanización.

ORGANIZACIÓN  SOCIAL:  La gran abundancia de castros así como su diminuto tamaño, permiten hacernos a la idea de una sociedad muy poco vertebrada y con grandes dosis de inseguridad.

Los hombres tenían el poder militar y la autoridad familiar mientras que las mujeres trabajaban la tierra. Las herencias se transmitían por línea femenina, heredando las hijas no los hijos. Según Estrabón: <comían en bancos corridos pegados a los muros de las casas, ocupando los puestos según la dignidad y la edad.>

La escasa diferenciación entre las cabañas de los castros, así como la pobreza de los ajuares encontrados, permiten pensar en una sociedad muy igualitaria, cuyo principal desvelo sería el cuidado de los siempre amenazados rebaños que pastaban en los alrededores del castro. Hasta la romanización no parece que existiera la propiedad de las tierras.

 EL HABITAT  CASTREÑO: Un castro de tamaño medio podía llegar a tener 250 habitantes.  Según los cálculos del censo hecho en tiempos de Vespasiano ( 73 o 74 d.C.) se supone una población superior a los 200.000 habitantes en esta zona.

En los castros más antiguos la ordenación del espacio era espontánea, adaptándose a la topografía. En la disposición de los castros se intuye una tendencia a la dispersión y al aislamiento geográfico. Buscaban lugares que ofrecieran buenas defensas naturales y añadían fosos, parapetos y en algunos casos murallas de bloques de piedra irregulares. A las murallas se accede a través de rampas o mediante escaleras de lajas de piedras. Los sistemas defensivos no suelen ser unitarios sino que existe una combinación de todos ellos: fosos, murallas, etc.

Las viviendas, chozas en realidad, eran circulares, exentas, con un hogar en el centro. Su tamaño reducido no llegaba a 20 metros y predominan las de piedra frente a las de tapial y adobe.

La romanización después del siglo I d.C. propicio una evolución en la técnica constructiva de las murallas haciendo más complejo el sistema defensivo. También evolucionan las viviendas en cuanto a su construcción (formas rectangulares con horno adosado a una pared) y a su disposición regular, formando calles pavimentadas y espacios abiertos.

 
Sobre la sociedad castreña Manuel Bendala nos dice:    “En las fases más antiguas los castros se  organizan interiormente en casas redondeadas y aisladas, una vieja tradición que nos remite a tiempos prehistóricos; constituyen un paradigma, no sólo de escaso aprovechamiento del espacio ocupado, sino de individualidad, ausencia de coordinación y de jerarquías sociales, quizá el mejor contrapunto a la idea del asentamiento planificado y sujeto a un plan que aplica una determinada autoridad comunitaria. Este tipo de casas se mantiene de forma muy conservadora en la que se considera cultura castreña por antonomasia, la «castrexa» del noroeste, propia de los galaicos y pueblos limítrofes, fundamentalmente los astures de las inmediaciones.”.
 

EJEMPLOS

 Entre los castros que he visto hay dos que me han impactado por su belleza : el castro de Baroña y el castro de Santa Tecla.
 
 
El  Castro de Baroña  está situado en el Porto do Son, en Barbanza, La Coruña. Coordenadas GPS:   42°41’41.40″N   –   9°1’57.10″O
El asentamiento está ubicado en una península de escasa altura, situándose su ocupación en los siglos I a. C. a I d. C. 
Poseía dos murallas a su alrededor y se conservan 20 viviendas de planta circular.  La muralla principal rodeaba el castro, formando una barrera altamente defensiva. La entrada al castro era en una rampa empedrada, hoy bastante deteriorada.
 
 
El castro de  Santa Tecla   situado en La Guardia, Pontevedra.
Coordenadas GPS    N 41º 54′ 10″  –   O 8º 50′ 45″
Cumple con las características típicas ya que está situado estratégicamente en el alto de un monte y está rodeado por una muralla defensiva.
Urbanísticamente se compone de construcciones irculares, omunicadas por calles estrechas, enlosadas y algunas pequeñas plazas. 
Las casas son de planta circular u ovalada, algunas con vestíbulo. De fábrica de piedra y cubierta de madera y paja con un pilar central de madera para su sustentación. No tenían vanos a excepción de las puertas.
Algunas viviendas de planta rectangular son posteriores, de influencia romana.
 
 
Anuncios